jueves, noviembre 26, 2009
A reír
jueves, noviembre 12, 2009
Operación Andorra
Epílogo
Salí de Majadahonda con la cara y el ánimo de un fanático de los funerales. El trayecto a Barajas transcurrió sin problema y el que me llevó a Heathrow, igual. Sin embargo, ¿quién me iba a decir que viviría una suerte de desenlace alternativo de Operación Andorra al llegar a la ciudad de México?
Después de once despostilladoras horas aterrizamos en el Monstruito Federal. Al llegar al control migratorio entregué mi pasaporte al oficial en turno. Lo tomó y lo pasó por el escáner. Sin decirme nada comenzó a ejercitar el cuello cuando movía la cabeza repetidas veces entre el monitor de la computadora, mi cara y el pasaporte.
-¡Pero usted ya entró, no lo puedo dejar entrar otra vez!. –Me dijo con una sonrisa que delataba su felicidad por salir de la rutina del: “¡Buenas!”, pasaporte al escáner, sello al pasaporte, “Bienvenido a México”.
Mis ojos comenzaron a irse hacia atrás recordando todas las penurias migratorias en España. Alcancé a salir del trance en el que estaba cuando respondiendo a su sonrisa le dije:
-¿Cómo que ya entré, si vengo llegando?
- A ver, acompáñeme; parece que tiene un homónimo. –Respondió el oficial.
Caminé detrás del agente maldiciendo el despertar de la pesadilla donde Mr. Hyde se adelanta a Jekyll y le tiende una trampa migratoria.
Me condujo a una habitación blanca, sin ventanas, con un único foco que emitía un extraño zumbido y que de vez en vez parpadeaba dejándome en una intermitente oscuridad. Me dejó bajo la custodia de un guardia, que fiel a las autoridades migratorias, no supo informarme lo que estaba pasando.
Al final, tuve que esperar treinta minutos para que regresara mi captor. Me entregó una carta que tuve que firmar y que básicamente decía que yo era quien era, que no me parecía a nadie y que no había ingresado al país antes. Después: sello al pasaporte, “Bienvenido a México”.
martes, octubre 06, 2009
Operación Andorra
El vendedor me dijo que ya no alcanzaba el tren de las 10:46am, que si quería el boleto para el siguiente (11:49am). Mi sueño de legalidad comenzaba a desvanecerse. ¿Me puedo subir en el de las 10:46 con el boleto del de las 11:49 si todavía no sale?, le pregunté. Sin dar tiempo a que terminara de asentir salí disparado como Usain Bolt después del On your marks, ready… go!
Corrí como si estuviera promocionando un antitranspirante. Llegué al tren. Había tanta gente dentro que mi mochila quedaba fuera. Me apretujé tanto que importuné a un par de chicas con rasgos nórdicos. Con la mirada les dije “Soy Martínez, Mario Martínez, y estoy en una misión especial”, a lo que ellas respondieron, también con la mirada, “¿Quién te preguntó? Hazte para allá”.
Todavía no recuperaba el aliento cuando me invadió la angustia de no estar seguro que estaba en el tren correcto. Comenzaba a maldecirme cuando escuché a la distancia:
-¡Hola X! ¿Vas para A?
-¡Sí! ¿Y tú?
-¡También!
Resoplé, lo cual le volvió a molestar a las nórdicas.
Después de una hora y media llegué a B. Salí de la estación y no vi a mi contacto. Comenzaba a maldecirme de nuevo cuando escuché mi nombre. Mi contacto me indicó que el convoy estaba en un bar porque los amigos de su prima se habían ido de fiesta la noche anterior y estaban muy despostillados. Los vi, un par de veinteañeros, y confirmé el diagnóstico.
Pasaron las primeras tres y nos detuvimos a comer en el estacionamiento de una gasolinera. Salimos del auto y nos encaminamos a la sombra de un árbol un tanto alejado. Después de los bocatas el más joven de los acompañantes sacó una cajita negra y la comenzó a manipular como si quisiera desaparecerla.
Después de un rato la abrió y extrajo un poco de marihuana. Se forjó un gallo y lo compartió con su colega. Al ver la escena, por dentro me escandalicé como si fuera un padre que se entera que su hijo fuma mota.
Recordé amargamente y repetidamente al policía que me dijo en Madrid “No creo que te pase nada si te quedas un par de meses más. Total, no eres narco, narco, narco, narco…“.
Buena la he hecho, pensé. Ahora sí, en la de buenas sólo me deportan, en la de malas ya veo al juez Garzón ligándome con algún cártel mexicano.
Comenzaba a maldecirme de nuevo cuando sonó mi celular. Me levanté abruptamente y me alejé lo más posible para “contestar”. Era un mensaje publicitario, pero hice como que hablaba esperando a que concluyera la sobremesa.
De vuelta en el auto no tardamos en llegar al pueblo de la Reunión Ultrasecreta. Dejamos a los amigos en el convite y nos marchamos a la frontera. En el camino algunos miembros de la Reunión nos llamaron para pedirnos que compráramos en Andorra alcohol y tabaco. Por la cantidades que solicitaron daba la impresión de que querían poner un bar en las Ramblas.
Cruzamos la frontera e hicimos las compras.
Al volver mis pupilas comenzaron a dilatarse, lo mismo que el vello a erizarse y el ritmo cardiaco a incrementarse. Un poco más larga la fila de autos y me da un ataque cardiaco.
Al llegar a la garita española descubrimos que no había guardias.
Comenzaba a maldecirme otra vez cuando la prima de mi contacto catalán me preguntó si se detenía. Sí, por favor, contesté. Bajé del auto y con mis documentos en mano caminé a la garita. Comprobé que no había guardia alguno y me quedé inmóvil esperando a que alguien uniformado se me acercara.
Pasaron algunos minutos y nada. Volteé a la garita andorrana e identifiqué a un guardia español. Me acerqué con los mil y un discursos que tenía elaborados. Los andorranos le advirtieron de mi presencia y éste salió a mi paso.
¡Hola!, dije instintivamente.
Pronto descubrí que ese guardia era el mismo que el martes no me quiso sellar la entrada. Comenzaba a maldecirme por enésima vez cuando muy sonriente me dijo: “¡Ah, eres el del sábado!”
Tomó mi pasaporte y mientras buscaba el sello de entrada, Jekyll abrazó a Hyde.
miércoles, septiembre 23, 2009
Operación Andorra
Episodio V
Comenzaba a pensar que la calamidad era parte de mi material genético.
Al final soy mexicano, pensé. Nací en donde las enfermedades cunden al compás de los movimientos de tierra; o donde una sequía devastadora termina con un huracán apocalíptico. Vamos, donde las desgracias terminan cuando se sucede otra desgracia.
Tal vez deba resignarme a mi destino. Ya no voy a hacer nada. Si me deportan, bien; y si no, esperaré a volver a México para saber si me fichan de por vida.
Estaba en ese ejercicio muy mexicano de rendirle tributo a mi mala suerte cuando sonó el teléfono. Era mi contacto catalán. Con cierta exaltación me contó que un convoy encabezado por una de sus primas partiría al día siguiente del Enclave Oculto en lo Profundo de Cataluña rumbo a una reunión ultrasecreta en un pueblo próximo a
“¿Jalas o te ahorcas?” me volvió a preguntar. Dubitativo salí al balcón buscando en el cielo una señal que me iluminara. Divisé un astro precipitándose ¿será una estrella fugaz que me augura felicidad o una bola de fuego que me presagia un funesto final?
Recordé el final del primer “jalas o te ahorcas”: La mitad de
- Jalo.
- Muy bien, el plan es el siguiente: debes tomar el tren de las mil cuarenta y seis en dirección A y bajarte en B. Ahí te estaremos esperando, después te irás con mi prima y el convoy, dejarán a los acompañantes en la reunión ultrasecreta, seguirán hasta la frontera, la cruzarán sin detenerse y al volver pararán en la garita para que te sellen la entrada. ¿Está claro?
- Sss ¡sí!
- Muy bien. Hasta mañana.
Y colgó.
Operación Andorra
Episodio IV
Martes y miércoles no hice más que deambular por algunas de las fiestas de los barrios más tradicionales de Barcelona. Entre caña y caña repasaba el minuto a minuto de
Al día siguiente salimos rumbo a un enclave oculto en lo profundo de Cataluña. Mi contacto y yo resolvimos separarnos a la mañana siguiente. Mi doble personalidad legal le estaba quitando días valiosos de vacaciones. Además, estábamos muy vistos por los guardias fronterizos.
El viernes, antes de volver a Barcelona, sostuve una última reunión de alto nivel con mi contacto y su familia. Los padres ofrecieron conectarme con un contacto Andorrano para que me llevara a la frontera el sábado y así reunirme, cual programa del corazón, con mi Gemelo Maligno. Le llamaron, pero estaba en misión especial en Rotterdam. Hasta el martes siguiente podía acompañarme.Perfecto, pensé; el plan B estaba listo, ahora sólo tenía que idear el A.
Con la mirada clavada en un campo de girasoles desorientados ideé una terapia para conciliar al Dr. Jeckyll con Mr. Hyde y así tener un único Ser documentado.
Recordé que ese día volvería a Barcelona un tercer contacto, esta vez mexicano, después de pasar unos días de paz y quietud, introspección y meditación, en Ibiza. Así, el plan consistía en rentar un auto el sábado por la mañana para volver a la línea fronteriza.
Próxima la penumbra llegué a casa de mi contacto mexicano, pero por desgracia también llegó el imponderable que acabó con mi brillante plan: ninguno de los dos teníamos licencia para conducir; así ni Dios nos presta un coche, es más, de haber sabido, ni nazco, pensé.
martes, septiembre 15, 2009
Operación Andorra
Al cabo de una hora volvimos al auto. Era momento de completar la misión.
Llegamos a la garita. El guardia cordial no estaba, sólo el especialista en el Solitario. Le entregué mi pasaporte. Lo revisó y se dio cuenta que era el
mismo que un par de horas antes había sellado de salida. El rostro se le descompuso (más) y sentenció: “¡No voy a prorrogar tu estancia! ¡No te voy a sellar la entrada!”.
El tiempo se dilató. El viento apresuró la llegada de las nubes negruzcas. Si hubiera habido cuervos sobre la garita habrían levantado el vuelo. Era como si me hubiera convertido en Atreyu y la Nada viniera por mí.
Intenté argumentar mi solicitud y situación, pero a cada palabra mía el guardia respondía “que no, que no”. Apresuró nuestro tránsito porque había varios autos detrás de nosotros. Pedí explicarle directamente. Con cierta soberbia nos indicó dónde podíamos estacionar el coche.
Me acerqué pensado en posibles escenarios: atrapado para siempre en Andorra, conducido al Puerto de Palos para mi deportación, la Nada me absorbería, o tal vez, sólo tal vez, podría convencerlo. Pero la realidad superó mi ficción.
El encargado de salvaguardar el espacio español se negó rotundamente a sellar en ese momento mi pasaporte. “Vuelve el sábado (era martes), cuando expire tu visado”, me dijo, y me dejó entrar a su territorio. Así, entré en un meta-estado migratorio. El Dr. Jekyll se había quedado en Andorra y Mr. Hyde podía pasear por España.
Operación Andorra
Subimos al auto y tres horas y media después estábamos a la entrada de los Pirineos, donde comienza a diluirse el territorio español. No sabíamos bien a bien qué hacer, dónde parar, cuándo preguntar, a quién dirigirnos. Optamos por detenernos a la menor provocación, claro, siempre y cuando un uniformado estuviera de por medio, aunque debía tener cuidado de las escolares porque podía terminar con un sello de *Hello Kitty* en mi pasaporte.
Paramos en la aduana española, ahí un mozo de escuadra nos presionó preguntándonos que por qué nos deteníamos. Seguimos. Metros más adelante vimos seis garitas migratorias, tres españolas y frente a éstas sus pares andorranas. Como si tratáramos de batir un récord de errores nos formamos con el auto en la línea donde no había guardias españoles. Llegamos a donde los andorranos y nos dijeron que ellos no ponían sellos, que apuráramos el paso.
Cuando la operación Andorra estaba a punto de fracasar, decidimos estacionar el auto en suelo andorrano. Resuelto como seleccionado nacional mexicano al tirar un penalty en un mundial, tomé mis papeles y me dirigí a pie a la garita española. Las pulsaciones se incrementaban. No tardó el sudor frío. Cualquiera que me hubiera visto habría pensado que acababa de asesinar a mi acompañante y que me dirigía a la policía a confesarlo.
Llegué. Había dos guardias. Puse mi pasaporte sobre el cristal y les dije: “Ya me voy y no soy de aquí; pónganme un sello, por favor”. Abrió el que estaba de pie y con actitud cordial me dijo: “¡Ah, mexicano! ¿Qué tal va lo de la gripe?”. “¡Ah, no se preocupe! Ya está en todo el mundo.”, respondí.
Tomó mi pasaporte y junto con su colega, como si fueran dos agentes del CSI: La Seu d’Urgell, inspeccionaron mi documento. Parecía que más que las fechas del visado, les intrigaban los escudos de los estados mexicanos. Después de cerrar el Solitario, revisaron mi situación migratoria en la computadora. Le pusieron un sello de salida a mi pasaporte que apenas si se veía. “No se ve muy bien, pero se entiende. No debes tener problemas.”, sentenció. Agradecí y me retiré. La mitad de la Operación Andorra había sido un éxito.
Operación Andorra
Luego acudí a una oficina de extranjería. Probablemente ahí me darían una solución más sensata, pensé. La mujer que me atendió, a diferencia del resto de los encargados de salvaguardar el espacio español, dio visos de estar enterada de lo que se trataba su trabajo. Me confirmó que mi tipo de visado era improrrogable. En mi caso, continuó, lo que podía hacer era salir y volver al espacio de Schengen para asegurarme 90 días más estancia, pero esta vez como turista. Me sugirió que fuera a algún lugar en el Reino Unido o África, o si quería algo menos refinado o exótico podía ir a Gibraltar o a Andorra. Opté por Andorra.
El plan era sencillo: ir al paso fronterizo españo-andorrino próximo el vencimiento de mi visado, cruzar hacia Andorra, pedir que me pongan un sello de salida, tomarme una cerveza en Andorra la Vella (la capital), volver al cruce, al ingresar a España pedir el sello de entrada y listo.
lunes, agosto 03, 2009
Fútbol como nunca II
Detesto las multitudes, sólo las puedo ver en una base de datos o en un estadio.
Fui una de las tantas mil personas que asistieron al estadio Santiago Bernabeu a la presentación de Cristiano Ronaldo como nuevo jugador del Real Madrid. Mi intención fue corroborar empíricamente la tesis de que el fútbol nos une.
Media hora antes del evento ya me encontraba a las afueras del estadio. La gente se movía apresuradamente. Se vivía una especie de ansiedad colectiva.
Subí, subí, subí, subí y subí hasta que llegué a la sección más alta del estadio. Seguro aquí las entradas cuestan unos 10 euros, calculé. Entonces no me ahorré mucho para entrar, pensé (en un Real Madrid versus FC Barcelona la mejor entrada en taquilla –si es que se encuentra– está por encima de los 130 euros).
Para entonces el Bernabeu, como
Treinta minutos de espera donde la gente se entretuvo como pudo. Había quienes se tomaban fotos, otros fumaban mariguana, unos más hablaban por celular, todos hicieron la ola, yo me entretuve imaginando posibles lesiones o imponderables que echaran a la basura los 94 millones de euros que costó Cristiano Ronaldo.
Barajeé la rotura del ligamento anterior cruzado de ambas rodillas al salir a la presentación, fractura expuesta de tibia y peroné al subir las escaleras que lo llevarían al estrado, o quizá una célula de
El primero en salir fue Alfredo Di Stefano. La leyenda sigue de pie y camina tan rápido que pensé que su bastón era de propulsión a chorro. El estadio rugió tanto o más que cuando salió el mero, mero invitado.
Después salió el presidente del equipo. La marabunta lo recibió con unísonos: “Floooooooren-ti-no, Floooooooren-ti-no,…”. Ese detalle y el discurso que se tiró después, hicieron que la prensa al día siguiente lo llamara El Profeta Florentino.
Se proyectó un video con algunas jugadas del Real Madrid de Zidane a ritmo del Nessun Dorma de la ópera Turandot. A cada jugada le seguía una más espectacular. No dudo que más de uno alcanzara el Nirvana cuando el video recordó el gol de volea de Zinedine en la final de
Finalmente apareció “el elegido”. Hizo gala de sus principales, y creo únicas, virtudes; todas asociadas, claro está, al dominio de la pelota. Dio un discurso, si se le puede llamar así a un conjunto de frases hechas, de bostezo para unos pocos, pero orgásmico para muchos. Volvió a sonreír. Más fotos. Etc, etc.
Tanta banalidad me recordó que era momento de la retirada. En la calle vi que “algunas” personas se quedaron sin entrar (el periódico habló de unas 8mil).
Camino al metro imaginé lo bonito que sería ver la presentación de un crack así en Morelia: el Morelos lleno; Álvaro dando un discurso lleno de citas bíblicas;
martes, julio 14, 2009
Guacamole
Entre las cosas con las que se asocia "lo mexicano" está el guacamole. Desde hace algunas semanas mis compañeros del Centro han exigido de muestras de mi mexicanidad preparando ese rico y complicado platillo.
Ante esto hice lo que todo mexicano hace con un problema de esta índole: le llamé a mi madre. Se declaró no-experta en el tema del guacamole, pero según sabía había que reunir en un tazón dos aguacates, media cebolla, un poco de cilantro, un chile verde y una pizca de sal; y agregó, en un desplante de Jedi Master: “Pero ten confianza en ti, te saldrá bien. Sólo sigue tu intuición guacamolera”. ¿Existirá un nucleótido llamado gucamolina en el genoma mexicano?
Mi espíritu científico me hizo recurrir a otra fuente. Consulté a la primera persona de origen mexicano que se conectó en el messenger. Las indicaciones de mi madre fueron validadas.
Así pues, preparé el guacamole de la siguiente manera:
- Piqué finamente una cebolla de tamaño mediano (tirándole a pequeña) completa -primer error.
- Piqué finamente como 8 ramitas de un cilantro muy triste -el segundo error no es el estado de ánimo del cilantro, creo que fue lo pírrico del manojo.
- Omití el jitomate –según los puristas del guacamole, eso ni me beneficiaba, ni me perjudicaba.
- Revolví la cebolla con el cilantro.
- Paréntesis. Esta combinación me recordó unos tacos al pastor sobre un plato de plástico, mismo que está dentro de una bolsa de plástico (¿“plato dentro de bolsa” es la forma en la que nuestros taqueros se comprometen con el medio ambiente? Esta técnica, aunque no lo parezca, garantiza el ahorro de agua. Ya no son necesarias las cubetas para enjabonar y para enjuagar). También me acordé que con dos tacos me aseguro dos horas de eructos -no los puedo ver ni en recuerdos.
- Evité el chile verde. Invité al picor con una pizca de pimienta.
- Volví a revolver.
- Agregué la pulpa de dos aguacates.
- Intenté machacar, pero terminé batiendo cuando esparcí dos pizcas de sal –¿qué número de error va?
- Como si se fuera parte de un tratamiento para Michael Jackson puse unas 10 gotas de limón para evitar el ennegrecimiento del guacamole. Para asegurarme eché los huesos de los aguacates.
Lo probé y ni el más férreo lavado bucal me ha quitado el sabor a cebolla con el que saludo a todo mundo. Pero como gasté casi 10 euros en los aguacates, un limón,(uno, una unidad, un limón me costó 0.50 euros) la cebolla y el cilantro, mis compañero tendrán que comérselo todo. Los tiempos que corren no están como para desperdiciar nada. Sólo espero que no se queden, literal, con un mal sabor de boca.
¿Alguien conoce La Receta de la madre de todos los guacamoles? ¿Cuál es?
martes, junio 23, 2009
Calor
Ayer al salir de mi lugar de trabajo los 39° me pusieron en fase Michael Phelps. Llegué a casa y debajo de la ropa térmica que nunca usé encontré mi traje de baño. Saqué las chanclas y la toalla. Me iba a preparar unas galletas saladas con atún pero ya no daba tiempo.
martes, junio 09, 2009
Toros como nunca
Todo comenzó el sábado mientras comía. El azar me llevó a ver una corrida por televisión. Más que el espectáculo me atraparon los modos de los comentaristas. Una tríada de magos Septién pero con la espesura del chapopote. De ellos aprendí que la fiesta de los toros en realidad es La liturgia taurina. Así pues, mi comida estuvo acompañada por algunos olés.
Al día siguiente el mismo azar me llevó a Las Ventas. Me apersoné en la taquilla pidiendo a Dios que no hubiera boletos pues no quería gastar. Cuál es la entrada más barata, pregunté, 4.50 me respondió. Ni hablar. Podía pagarla.
Ya en la penúltima fila decidí sentarme en la última. No quería que la gente me viera evitar los momentos de muerte.
Apenas comenzó la corrida descubrí que lo mejor no ocurre en el ruedo. Los fieles, los parroquianos, son un espectáculo. Delante de mi estaba Doña Antonia, una señora de 80 años que presumía tener 56 yendo a los toros. Todo mundo la saludaba. Hubo hasta quien le regaló una caja con mazapanes de Toledo, los cuales repartió entre los que la rodeábamos.
Luego llegaron los turistas. Un grupo de italianas que así como llegó se fue al enterarse de qué se trataba el convite.
El primer toro rascaba la tierra como si fuera a envestir a Bugs Bunny. Un gesto lleno de furia. Sin embargo, el torero no le halló el modo y lo desperdició. Eso lo sé porque Doña Antonia lo dijo.
El segundo fue un toro muy distraído. Creo que tenía déficit de atención.
El tercero valió la pena porque el novillero que lo toreo salió a ganarse al público. Se rifó en cada lance del toro. Mereció que Doña Antonia sacara su pañuelo blanco para que se le premiara.
El cuarto para el olvido. Ni recuerdo el nombre del toro.
Los restantes tenían nombres que invitaban a los cobardes a volverse valientes. El quinto, “Amable”, fue desaprovechado. El torero llevaba prisa. Grité “despacio, más despacito”. Doña Antonia celebró mi comentario dándome otro Mazapán. Creo que fui su alumno más destacado de la tarde.
El sexto, “Osito”, tuvo la “suerte” de encontrar la muerte en manos de un novillero que le dio sentido a su ímpetu y a su bravura. Supongo que así como un buen actor desea morir en el escenario, Osito, si hubiera deseado morir, habría preferido el ruedo a un cuento infantil. Por lo demás, el novillero se ganó una oreja, el aplauso del público, su primera salida a hombros, pero sobretodo, el respeto y reconocimiento de Doña Antonia.
jueves, junio 04, 2009
Fútbol como nunca
El primero fue el 4-3 del Atlético de Madrid al FC Barcelona.
Trepidante, delirante. Me quedo con la estampa del aficionado rojiblanco al caer el cuarto gol del Aleti: Hincado, con los brazos extendidos y el rostro apuntando al cielo, con la boca abierta en forma de una gran “O”, tan grande que se le podía practicar una endoscopía sin anestesia –llamémosla, la endoscopía del gol-, con los pulmones en la atmósfera del Vicente Calderón. Además, con la gracia para salir del transe mediante un beso a la novia. Mostró ser un rematador certero, un crack del amor.
Otro momento fue mi fichaje y participación en el Chana FC (antes Real Getafe Sector 3 Fútbol Club).
El tiempo operó en nuestra contra. Los partidos duran 90 minutos, pero nosotros con sólo dos mediocampistas ya acumulábamos 90 años. Mejoramos al paso de los juegos, pero sólo pudimos jugar dos veces. Los torneos no entienden de evolución.Con todo, caímos como los grandes, como los equipos que apuestan por la meta contraria sin importar la propia. En esos dos partidos nuestro portero estuvo tan solo como Jesús en el desierto. Temimos que el aislamiento lo enloqueciera. Por suerte los delanteros rivales le hicieron compañía. El primer equipo lo invitó a recoger 10 veces el balón dentro de nuestra portería, el segundo se conformó con dos. Nominalmente, nosotros marcamos tres veces, dos de penal y otro que el árbitro nos regaló como si se tratara de una oferta de supermercado, una suerte de 3x2.
Pero este año, mejor que jugar fútbol, fue ver jugar al Barcelona. En Baeza, cerca de donde nació Joaquín Sabina y cerca también de donde nació El Divo de Linares, vi el 2-6 del Barça al Madrid. Los blancos se pusieron adelante con gol de Higuaín. Los aficionados madridistas se dejaron ver como neandertales, pero con cada gol de los blaugranas los merengues evolucionaron. La mayoría desarrollaron sentimientos, los más avanzados lloraron con el sexto de Piqué.
El estrés y el éxtasis llegó el día del Chelsea versus Barcelona en la vuelta de las semifinales de
Primero Essien tocó la gloria con la pierna izquierda. Se llenó de balón. Pateó como si con ello se asegurara un lugar en el paraíso. Pero el destino se encargó de regresarlo al mundano campo de Stamford Bridge. La otrora pierna heroína se convirtió en la villana al abanicar un balón que llegó a Messi, quien pasó a Iniesta y éste como el más grande la metió en el ángulo. La historia encuentra espacios inverosímiles para repetirse: Goliat Cech cayó de nuevo ante David Iniesta. Es más, si el gol de Essien merece una postal, el de Iniesta no acepta menos que una pintura o un monumento. Sin duda van Gogh y Rodin habrían encontrado inspiración en ese instante.
Y bueno, qué decir de la final de
martes, mayo 26, 2009
Dos Minutos de Odio
La muerte del medidor
Virgen de Icíar News.- El pasado viernes fue el encargado de de tomar la lectura del agua. Al revisar los medidores descubrió que en poco más de un mes no había aumentado ni un litro el consumo de agua fría.
Se me quedó viendo un rato. Supongo que en un inicio pensó que a mi lo que más me gustaba en la vida era bañarme con agua hirviendo y que disfrutaba como dueño de farmacéutica en época de epidemia que mis manos se llenaran de ámpulas después de lavar los platos con agua a punto de ebullición.
Volvió con su espejito a mirar el medidor. Me vio de nuevo. Vio mis manos. No hay ámpulas, pensó. Entonces emitió el diagnóstico: "¡Hostia! El medidor se ha estropeado. Hay que cambiarlo".
Decidí ocultar mi ignorancia hidromecánica. Le pregunté si tenía que hacerlo yo esperando que me dijera que no. Agregué: "Vivo de mis manos. Soy como pianista. No puedo dañarlas. Además, no tengo herramienta ni un medidor nuevo".
El lector debe saber que lo mio, lo mio, lo que se dice lo mio, es el bádminton.
Me miró con recelo. Vi en sus ojos que no creyó lo del bádminton.
Al final me pidió un número telefónico porque lo harían ellos.

