jueves, junio 04, 2009

Fútbol como nunca

En las últimas semanas he vivido algunos momentos futbolísticos que me han hecho recuperar la fe perdida en “El juego del hombre”.

El primero fue el 4-3 del Atlético de Madrid al FC Barcelona.
Trepidante, delirante. Me quedo con la estampa del aficionado rojiblanco al caer el cuarto gol del Aleti: Hincado, con los brazos extendidos y el rostro apuntando al cielo, con la boca abierta en forma de una gran “O”, tan grande que se le podía practicar una endoscopía sin anestesia –llamémosla, la endoscopía del gol-, con los pulmones en la atmósfera del Vicente Calderón. Además, con la gracia para salir del transe mediante un beso a la novia. Mostró ser un rematador certero, un crack del amor.

Otro momento fue mi fichaje y participación en el Chana FC (antes Real Getafe Sector 3 Fútbol Club).
El tiempo operó en nuestra contra. Los partidos duran 90 minutos, pero nosotros con sólo dos mediocampistas ya acumulábamos 90 años. Mejoramos al paso de los juegos, pero sólo pudimos jugar dos veces. Los torneos no entienden de evolución.Con todo, caímos como los grandes, como los equipos que apuestan por la meta contraria sin importar la propia. En esos dos partidos nuestro portero estuvo tan solo como Jesús en el desierto. Temimos que el aislamiento lo enloqueciera. Por suerte los delanteros rivales le hicieron compañía. El primer equipo lo invitó a recoger 10 veces el balón dentro de nuestra portería, el segundo se conformó con dos. Nominalmente, nosotros marcamos tres veces, dos de penal y otro que el árbitro nos regaló como si se tratara de una oferta de supermercado, una suerte de 3x2.

Pero este año, mejor que jugar fútbol, fue ver jugar al Barcelona. En Baeza, cerca de donde nació Joaquín Sabina y cerca también de donde nació El Divo de Linares, vi el 2-6 del Barça al Madrid. Los blancos se pusieron adelante con gol de Higuaín. Los aficionados madridistas se dejaron ver como neandertales, pero con cada gol de los blaugranas los merengues evolucionaron. La mayoría desarrollaron sentimientos, los más avanzados lloraron con el sexto de Piqué.

El estrés y el éxtasis llegó el día del Chelsea versus Barcelona en la vuelta de las semifinales de la Champions League. Como si se tratara de la madre de todos los dramas, el juego se resolvió en el último minuto.
Primero Essien tocó la gloria con la pierna izquierda. Se llenó de balón. Pateó como si con ello se asegurara un lugar en el paraíso. Pero el destino se encargó de regresarlo al mundano campo de Stamford Bridge. La otrora pierna heroína se convirtió en la villana al abanicar un balón que llegó a Messi, quien pasó a Iniesta y éste como el más grande la metió en el ángulo. La historia encuentra espacios inverosímiles para repetirse: Goliat Cech cayó de nuevo ante David Iniesta. Es más, si el gol de Essien merece una postal, el de Iniesta no acepta menos que una pintura o un monumento. Sin duda van Gogh y Rodin habrían encontrado inspiración en ese instante.

Y bueno, qué decir de la final de la Champions en Roma. Me quedo con la forma en que un periodista español anunció el once inicial del Barça: Lucio Valdés, Casio Piqué, Espartaco Puyol, Augusto Silvinho, Tito Yayá Touré, Marco Aurelio Xavi, Julio César Iniesta, Máximo Messi, Marco Antonio Eto’o y Octavio Henry.


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