Episodio V
Comenzaba a pensar que la calamidad era parte de mi material genético.
Al final soy mexicano, pensé. Nací en donde las enfermedades cunden al compás de los movimientos de tierra; o donde una sequía devastadora termina con un huracán apocalíptico. Vamos, donde las desgracias terminan cuando se sucede otra desgracia.
Tal vez deba resignarme a mi destino. Ya no voy a hacer nada. Si me deportan, bien; y si no, esperaré a volver a México para saber si me fichan de por vida.
Estaba en ese ejercicio muy mexicano de rendirle tributo a mi mala suerte cuando sonó el teléfono. Era mi contacto catalán. Con cierta exaltación me contó que un convoy encabezado por una de sus primas partiría al día siguiente del Enclave Oculto en lo Profundo de Cataluña rumbo a una reunión ultrasecreta en un pueblo próximo a
“¿Jalas o te ahorcas?” me volvió a preguntar. Dubitativo salí al balcón buscando en el cielo una señal que me iluminara. Divisé un astro precipitándose ¿será una estrella fugaz que me augura felicidad o una bola de fuego que me presagia un funesto final?
Recordé el final del primer “jalas o te ahorcas”: La mitad de
- Jalo.
- Muy bien, el plan es el siguiente: debes tomar el tren de las mil cuarenta y seis en dirección A y bajarte en B. Ahí te estaremos esperando, después te irás con mi prima y el convoy, dejarán a los acompañantes en la reunión ultrasecreta, seguirán hasta la frontera, la cruzarán sin detenerse y al volver pararán en la garita para que te sellen la entrada. ¿Está claro?
- Sss ¡sí!
- Muy bien. Hasta mañana.
Y colgó.
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