miércoles, septiembre 23, 2009

Operación Andorra

Episodio IV


Martes y miércoles no hice más que deambular por algunas de las fiestas de los barrios más tradicionales de Barcelona. Entre caña y caña repasaba el minuto a minuto de la Operación. ¿Qué falló? ¿Cuál parte de mí es indocumentada? ¿Será posible que el sábado me deporten? ¿Faláfel o shawarma? ¿Y si me pido mejor una caña doble? Preguntas y preguntas que no hallaban respuesta.

Al día siguiente salimos rumbo a un enclave oculto en lo profundo de Cataluña. Mi contacto y yo resolvimos separarnos a la mañana siguiente. Mi doble personalidad legal le estaba quitando días valiosos de vacaciones. Además, estábamos muy vistos por los guardias fronterizos.

El viernes, antes de volver a Barcelona, sostuve una última reunión de alto nivel con mi contacto y su familia. Los padres ofrecieron conectarme con un contacto Andorrano para que me llevara a la frontera el sábado y así reunirme, cual programa del corazón, con mi Gemelo Maligno. Le llamaron, pero estaba en misión especial en Rotterdam. Hasta el martes siguiente podía acompañarme.Perfecto, pensé; el plan B estaba listo, ahora sólo tenía que idear el A.

Con la mirada clavada en un campo de girasoles desorientados ideé una terapia para conciliar al Dr. Jeckyll con Mr. Hyde y así tener un único Ser documentado.

Recordé que ese día volvería a Barcelona un tercer contacto, esta vez mexicano, después de pasar unos días de paz y quietud, introspección y meditación, en Ibiza. Así, el plan consistía en rentar un auto el sábado por la mañana para volver a la línea fronteriza.

Próxima la penumbra llegué a casa de mi contacto mexicano, pero por desgracia también llegó el imponderable que acabó con mi brillante plan: ninguno de los dos teníamos licencia para conducir; así ni Dios nos presta un coche, es más, de haber sabido, ni nazco, pensé.

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