jueves, noviembre 12, 2009

Operación Andorra

Epílogo

Salí de Majadahonda con la cara y el ánimo de un fanático de los funerales. El trayecto a Barajas transcurrió sin problema y el que me llevó a Heathrow, igual. Sin embargo, ¿quién me iba a decir que viviría una suerte de desenlace alternativo de Operación Andorra al llegar a la ciudad de México?

Después de once despostilladoras horas aterrizamos en el Monstruito Federal. Al llegar al control migratorio entregué mi pasaporte al oficial en turno. Lo tomó y lo pasó por el escáner. Sin decirme nada comenzó a ejercitar el cuello cuando movía la cabeza repetidas veces entre el monitor de la computadora, mi cara y el pasaporte.

-¡Pero usted ya entró, no lo puedo dejar entrar otra vez!. –Me dijo con una sonrisa que delataba su felicidad por salir de la rutina del: “¡Buenas!”, pasaporte al escáner, sello al pasaporte, “Bienvenido a México”.

Mis ojos comenzaron a irse hacia atrás recordando todas las penurias migratorias en España. Alcancé a salir del trance en el que estaba cuando respondiendo a su sonrisa le dije:

-¿Cómo que ya entré, si vengo llegando?

- A ver, acompáñeme; parece que tiene un homónimo. –Respondió el oficial.

Caminé detrás del agente maldiciendo el despertar de la pesadilla donde Mr. Hyde se adelanta a Jekyll y le tiende una trampa migratoria.

Me condujo a una habitación blanca, sin ventanas, con un único foco que emitía un extraño zumbido y que de vez en vez parpadeaba dejándome en una intermitente oscuridad. Me dejó bajo la custodia de un guardia, que fiel a las autoridades migratorias, no supo informarme lo que estaba pasando.

Al final, tuve que esperar treinta minutos para que regresara mi captor. Me entregó una carta que tuve que firmar y que básicamente decía que yo era quien era, que no me parecía a nadie y que no había ingresado al país antes. Después: sello al pasaporte, “Bienvenido a México”.

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