Hace unos meses estaba en Morelia, en la casa de una amiga cómodamente sentado. Frente a mi había una número de la revista EPS dedicado a los 400 años de la ópera. Una de las secciones contenía la lista, de acuerdo a los conocedores, de las 10 mejores grabaciones de éste género. Por fortuna se ahorraron el numerito de ordenarlas. Simplemente presentaban los diez discos con su correspondiente comentario.
Uno de ellos es la ópera La Bohème de Puccini interpretada por Freni, Pavarotti, Harwood y Ghiaurov, con la dirección de orquesta de Karajan.
Dos días después entré a una tienda de discos. El primer disco que reconocí a vuelo de pájaro fue justamente ese: La Bohème. El gen pose que tiene todo clasemediero chilango (y quizá de otras partes del mundo) actuó sobre las células encargadas de regular los impulsos consumistas. Me dije: “215 pesos!!!! Qué caro, pero sería una buena forma, según los conocedores, de acercarme a éste género”. Lo compré –el gen había actuado–.
Ahora puedo decir que no me arrepiento. No puedo dejar de oírlo. Es el mejor disco que he comprado en mucho tiempo. Y con la oportuna muerte de Pavarotti pues con mayor razón. Sintetiza, desde mi neófito punto de vista, una de las principales características que debería tener la música: la intensidad interpretativa. Cuando Pavarotti pone a trabajar todas sus cuerdas vocales te dan ganas de tomar la batuta y convertirte en Karajan.

2 comentarios:
Ayer estaba bastante triste con la noticia.
A mi parecer ha sido el mejor tenor que hemos tenido, y pues solo me quedará platicarles a mis nietos que yo lo escuché "en vivo" gracias a la tv.
Por cierto, necesitaba leerte
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