miércoles, septiembre 05, 2007

Fútbol a la francesa

Hoy fui a la Universidad de McGill. Creo que comenzaban clases porque había muchos universitarios echando el trago y oyendo música en los jardines.
A la entrada de la universidad hay un campo de fútbol americano. En él había siete veinteñeros peloteando: un del Piero, un Henry, un Etó, un decolorado Ronaldinho y otros tres que no traían un jersey que los pudiera identificar. Me quedé viéndolos. Conforme pasaban los segundos mis ganas de jugar aumentaban.
La pelota rodó a donde estaba, bueno, la verdad es que me tuve que desplazar como 20 metros para regresarla. Me esforcé en darle la fuerza y el chanfle adecuado, como si de ese golpeo de balón dependiera mi fichaje en el equipo “resto del mundo”. Después de un merci siguió una frase en francés que no entendí, pero que interpreté como un: “qué onda Rafa Marquéz, juegas?” Guardé mi cámara en la mochila y salté al campo.
Con un tímido inglés les dije que no era de ahí y que no hablaba francés, pero que sí quería jugar. Todos rieron. Al final Ronaldinho señaló a Henry, a del Piero y a otro que bautizaré como van der Sar (jugó de portero, era bastante alto, flaco y güero como si hubiera llegado tarde a la pigmentación de piel) para indicarme que mi equipo era el europeo.
Comenzó el cotejo. Rápidamente mis diez años de ventaja se convirtieron en desventaja. Decidí apoderarme de la defensa central. Reviví al capo Baresi. Fui de esos defensas centrales de antaño, de los que no comprenden el concepto “salir tocando”. Mi incorporación al eje del ataque se redujo a dos disparos desde la media cancha que, la verdad sea dicha, resultaron ser sendos calcetinazos.
Veinte minutos después comenzó a tocar un grupo. Advertí que la fiesta había empezado cuando los de mi equipo se aliaron con los adversarios para decirme en voz de Henry algo que interpreté como: “Cámara chavo, nos vamos al rock”.
Me acerqué a la fiesta, pero mi añejo antisocialismo se sumó a mi cero francés y al desagrado que me producen los nuevos grupos de punk, dando como resultado mi retirada. Además mi abductor derecho reclamaba un masaje antes del siguiente encuentro. Así terminó mi paso por el fútbol canadiense.

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