martes, septiembre 04, 2007

Aterrizaje mortal

¿Cuántas veces en la vida uno tiene una cita con la muerte antes de que sea la última?
Dallas Forth Worth, septiembre 3 de 2007.
Estamos próximos a aterrizar en el aeropuerto de Dallas y al piloto le parece bien adrenalizar un poco nuestros cuerpos. El avión tocó tres veces el suelo antes de que todas las llantas lo hicieran al mismo tiempo. Durante estos tres “patitos” vi pasar toda mi vida delante de mi, bueno, exagero, sólo atiné a pensar cómo me recordaría el mundo tras mi muerte: En el congreso de Montreal guardarían un minuto de silencio en mi honor; los jugadores del Morelia usarían un moñito negro durante toda la temporada; David Failtenson haría un reportaje de color de la tragedia que podría comenzar con la siguiente línea: “Eeeeeeeeeeera una mañana gris, gris, gris… Eeeeeeel corazón del mundo dejó de laaatir un instante a las 8:55am…”; harían un especial de “la historia detrás del mito”, o mejor aún, me dedicarían un programa de E! True Hollywood History; la cátedra Mariochi Ramone se instituiría en El Colegio de México; cuando mi féretro entre en la iglesia –aunque no soy creyente me gustaría una misa por el glamour– una orquesta interpretaría La Marcha Imperial; en el entierro habría un escenario donde un tenor y una soprano cantarían O soave fanciulla de la ópera La Bohème de Puccini (no tiene nada que ver, pero ah! cómo me gusta); Ah! y Juan Villoro me dedicaría su columna de los viernes en el Reforma.
Es momento de tomar el siguiente avión y rifármela de nuevo.
El mundo me necesita, no puedo morir.

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