Después de caminar por horas llegué al hotel Fairmont Queen Elizabeth. Me formé por varios minutos para recibir el programa del congreso hasta que una mujer me dijo que la gente como yo (los que olvidaron su invitación) debía ir al Hilton por los documentos.
Después de la rigurosa perdida llegué al lobby del hotel. Bajé por unas escaleras eléctricas. Mientras descendía vi a la derecha una larga fila que llamó mi atención. De frente estaba el módulo para los olvidadizos. Me enfilé al módulo y expliqué la razón por la cual estaba ahí. Después de deletrearle mi nombre a la Srita. Jenna de la Universidad de Pittsburg recibí gustoso la carpetita con el programa, mi gafete y un cd. Cuando me retiraba advertí que una chica que, por la expresión de su cara, llevaba varios minutos formada se acercaba al módulo a tomar mi lugar frente a Jenna.
Sin querer queriendo apliqué la chilanga y me pasé por el arco del triunfo a toda la gente. Lo siento, no pude negar la cruz de mi parroquia.
Creo que una eventual decodificación del genoma chilango exhibirá que el gen del agandaye sólo lo portan los que se emocionan con el "cielito lindo", "el son de la negra", "ingrata", etc.
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