La visita a los cenotes la hice a mi manera: en bicicleta! Después de pedalear por 3hrs a treinta y tantos grados centígrados y con una humedad sólo superada por la del H2O me sentí tan destruido como Lance Armstrong después de la más peluda de las etapas del Tour de France. Claro, pero sin el apoyo de la siempre "noble" medicina (¿química?) del deporte. Es más, me aventé la pedaleada en chanclas y sin agua.
Este tipo de proezas siempre reclaman algún tipo de sacrificio: tuve que ofrecer mis lentes a los dioses del Inframundo. Los olvidé en uno de los cenotes después de tirarme un clavado de 3.1 grados de dificultad en posición "C" que ni Dmitri Sautin en sus mejores días, seguida de 10mts nado de pecho al mejor estilo de Michael Phelps.
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