Para los acongojados seguidores de la selección mexicana de fútbol (que para estas alturas deben ser pocos, no sé si los acongojados, pero sí los seguidores) un poco de Juan Villoro.
El resto del artículo lo pueden leer en la edición de hoy viernes 13 de febrero de 2009 del diario Reforma.
Desastre en la hierba
... La Selección Mexicana es la cuarta que más dinero genera por motivos de publicidad. Un refresco que no alimenta, un producto chatarra e incluso una cerveza pueden ser productos oficiales de la Selección. La transmisión de los partidos es el sitio donde de pronto dejas de ver el balón y aparecen tres totopos cacarizos o un rostro, no muy distinto, de un político.
De acuerdo con un ritual azteca, cada cierto tiempo se sacrifica al técnico que no supo cambiar la realidad y se le ofrece una millonada a otro mártir de pants verdes.
Esto no exime a Eriksson de los errores que ha cometido en el banquillo donde se hace el sueco. Adiestrado en Europa, confía en la velocidad e ignora que los mexicanos tenemos nuestro ritmo, le damos valor épico a la impuntualidad y sólo anotamos cuando no se espera. De los semimexicanos con los que cuenta, el que menos le gusta es Sinha, porque frena la evolución del partido. Sin embargo, la pausa es el estado natural de un país donde hacer algo "ahorita" es más lento que hacerlo "ahora". De los forasteros que buscaron aquí su lejano Oeste, Sinha es el que mejor se adapta. Además, como dijo el poeta Eduardo Langagne, es el único mencionado en el Himno Nacional: "Sinha, oh patria...".
¿Y qué decir de Rafa Márquez? En el Barça es un magnífico subordinado. Sin embargo, al asumir el destino de una patria pródiga en héroes caídos, confunde el liderazgo con el deseo de inmolarse. No puede ser que el segundo jugador más expulsado en la historia de la Selección sea el capitán. ¿Habrá modo de explicarle que Juan Escutia sólo se suicida cuando ya se decidió el partido?
Giovani dos Santos está, como la economía mexicana, en eterno proceso de desarrollo. El brillante seleccionado Sub 17 no ha destacado en el profesionalismo. Tal vez Eriksson confía en él porque dormita en Europa, pero en la Selección sólo ha mostrado pinceladas. Ayer, reveló rasgos de la idiosincrasia nacional. Los delanteros mexicanos prefieren que les cometan falta a asumir la responsabilidad de disparar. Si no fue gol, la culpa es del destino. En su más vistosa acción, Gio entró al área y se desplomó con una carga. Como pertenece a la escuela trágica de los vencidos, dramatizó su caída, quedándose 20 segundos en el césped, lo suficiente para bloquear el gol que pudo anotarse en la próxima jugada.
En el eje de ataque tuvimos a Carlos Ochoa, que comparte con el Kikín Fonseca la educada simpatía y la condición de correr con una entrega que sería estupenda si el futbol se jugara sin balón.
Pero todo esto es anecdótico. Los problemas son estructurales. El futbol mexicano es un pretexto para vender cerveza y enriquecer a la televisión. No está mal que otros ganen con el juego. Lo grave es que ganen a merced de los que nunca lo hacen.
El resto del artículo lo pueden leer en la edición de hoy viernes 13 de febrero de 2009 del diario Reforma.
Desastre en la hierba
... La Selección Mexicana es la cuarta que más dinero genera por motivos de publicidad. Un refresco que no alimenta, un producto chatarra e incluso una cerveza pueden ser productos oficiales de la Selección. La transmisión de los partidos es el sitio donde de pronto dejas de ver el balón y aparecen tres totopos cacarizos o un rostro, no muy distinto, de un político.
De acuerdo con un ritual azteca, cada cierto tiempo se sacrifica al técnico que no supo cambiar la realidad y se le ofrece una millonada a otro mártir de pants verdes.
Esto no exime a Eriksson de los errores que ha cometido en el banquillo donde se hace el sueco. Adiestrado en Europa, confía en la velocidad e ignora que los mexicanos tenemos nuestro ritmo, le damos valor épico a la impuntualidad y sólo anotamos cuando no se espera. De los semimexicanos con los que cuenta, el que menos le gusta es Sinha, porque frena la evolución del partido. Sin embargo, la pausa es el estado natural de un país donde hacer algo "ahorita" es más lento que hacerlo "ahora". De los forasteros que buscaron aquí su lejano Oeste, Sinha es el que mejor se adapta. Además, como dijo el poeta Eduardo Langagne, es el único mencionado en el Himno Nacional: "Sinha, oh patria...".
¿Y qué decir de Rafa Márquez? En el Barça es un magnífico subordinado. Sin embargo, al asumir el destino de una patria pródiga en héroes caídos, confunde el liderazgo con el deseo de inmolarse. No puede ser que el segundo jugador más expulsado en la historia de la Selección sea el capitán. ¿Habrá modo de explicarle que Juan Escutia sólo se suicida cuando ya se decidió el partido?
Giovani dos Santos está, como la economía mexicana, en eterno proceso de desarrollo. El brillante seleccionado Sub 17 no ha destacado en el profesionalismo. Tal vez Eriksson confía en él porque dormita en Europa, pero en la Selección sólo ha mostrado pinceladas. Ayer, reveló rasgos de la idiosincrasia nacional. Los delanteros mexicanos prefieren que les cometan falta a asumir la responsabilidad de disparar. Si no fue gol, la culpa es del destino. En su más vistosa acción, Gio entró al área y se desplomó con una carga. Como pertenece a la escuela trágica de los vencidos, dramatizó su caída, quedándose 20 segundos en el césped, lo suficiente para bloquear el gol que pudo anotarse en la próxima jugada.
En el eje de ataque tuvimos a Carlos Ochoa, que comparte con el Kikín Fonseca la educada simpatía y la condición de correr con una entrega que sería estupenda si el futbol se jugara sin balón.
Pero todo esto es anecdótico. Los problemas son estructurales. El futbol mexicano es un pretexto para vender cerveza y enriquecer a la televisión. No está mal que otros ganen con el juego. Lo grave es que ganen a merced de los que nunca lo hacen.
1 comentario:
Sinha... jajaja es como la gente que le pone de nombre Masiosare por que creen que es un enemigo italiano. Lamentable.
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