martes, mayo 26, 2009

Dos Minutos de Odio

Un momento después se oyó un espantoso chirrido, como de una monstruosa máquina sin engrasar, ruido que procedía de la gran telepantalla situada al fondo de la habitación. Era un ruido que le hacía rechinar a uno los dientes y que ponía los pelos de punta. Había empezado el Odio.
George Orwell, 1984

La muerte del medidor

Virgen de Icíar News.- El pasado viernes fue el encargado de de tomar la lectura del agua. Al revisar los medidores descubrió que en poco más de un mes no había aumentado ni un litro el consumo de agua fría.

Se me quedó viendo un rato. Supongo que en un inicio pensó que a mi lo que más me gustaba en la vida era bañarme con agua hirviendo y que disfrutaba como dueño de farmacéutica en época de epidemia que mis manos se llenaran de ámpulas después de lavar los platos con agua a punto de ebullición.

Volvió con su espejito a mirar el medidor. Me vio de nuevo. Vio mis manos. No hay ámpulas, pensó. Entonces emitió el diagnóstico: "¡Hostia! El medidor se ha estropeado. Hay que cambiarlo".

Decidí ocultar mi ignorancia hidromecánica. Le pregunté si tenía que hacerlo yo esperando que me dijera que no. Agregué: "Vivo de mis manos. Soy como pianista. No puedo dañarlas. Además, no tengo herramienta ni un medidor nuevo".

El lector debe saber que lo mio, lo mio, lo que se dice lo mio, es el bádminton.

Me miró con recelo. Vi en sus ojos que no creyó lo del bádminton.

Al final me pidió un número telefónico porque lo harían ellos.