La que imaginé tenía una cabecera de rueda de carreta del viejo oeste, con un letrero que decía "Il Bouno". Y la piecera flanqueada por dos pequeñas estatuas talladas en madera, de un lado un unicornio y del otro Pegaso.
Cada noche, antes de dormir agitaría mi látigo y arengaría a Pegaso y a Unicornio diciéndoles: ¡Llévenme al campo de los sueños!