Teófilo Pinto, el marido de Eulalia Baladro, es un hombre taciturno, con la expresión funérea de quien "trabajó toda la vida honradamente y sin descanso, para perder tres veces todo lo que tenía y acabar en la carcel".
Jorge Ibargüengoitia, Las muertas
viernes, febrero 09, 2007
El Eclipse
Hace algunos días fui al cine y vi Apocalypto y como no tengo nada bueno que decir de la película mejor transcribo el cuento El Eclipse de Agusto Monterroso. Que lo disfruten.
El Eclipse
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
miércoles, febrero 07, 2007
De perros (y) policias
Lucas hizo otra de las suyas.
Pues bien, resulta que hace unas cuantas noches Lucas y yo salimos a caminar. Como a las 11:00pm un par de patrullas se detuvieron justo delante de nosotros (una delante de la otra).
El patrullero copiloto de la “unidad” rezagada se bajó para hablar con su “pareja” de la “unidad” de adelante. Justo en ese momento Lucas pasó al lado de la patrulla de atrás. El patrullero que estaba al volante le hizo algún tipo gesto cordial –y bueno, para quienes no conocen a Lucas es preciso decir que es de los que apenas les dicen mi alma y ya quieren casa–, entonces pa’ pronto Lucas se le dejó ir al policía subiéndose a la patrulla. Fue un lío bajarlo porque quería que el gendarme le diera una vueltecita en la “unidad” 043168 de la delegación de Tlalpan.
Lo curioso es que después de ese día han aparecido este tipo de carteles en la zona.
Pues bien, resulta que hace unas cuantas noches Lucas y yo salimos a caminar. Como a las 11:00pm un par de patrullas se detuvieron justo delante de nosotros (una delante de la otra).
El patrullero copiloto de la “unidad” rezagada se bajó para hablar con su “pareja” de la “unidad” de adelante. Justo en ese momento Lucas pasó al lado de la patrulla de atrás. El patrullero que estaba al volante le hizo algún tipo gesto cordial –y bueno, para quienes no conocen a Lucas es preciso decir que es de los que apenas les dicen mi alma y ya quieren casa–, entonces pa’ pronto Lucas se le dejó ir al policía subiéndose a la patrulla. Fue un lío bajarlo porque quería que el gendarme le diera una vueltecita en la “unidad” 043168 de la delegación de Tlalpan.
Lo curioso es que después de ese día han aparecido este tipo de carteles en la zona.
jueves, febrero 01, 2007
De pastelitos y otras gracias

En los últimos días Lucas y yo hemos tenido una suerte de reencuentro. Desde hace unas noches salimos a caminar. Una de esas noches ocurrió lo siguiente:
Como buen perro Lucas siempre espera a que lleguemos al área de "liberación" o zona "libre de stress" para echarse un pastelito, pero esa noche se alejó bastante -supuse que quería un poco de intimidad o que no quería perturbarme con su esencia-. Después de que Lucas le regresó a la tierra algo de lo mucho que la tierra le ha dado fui con bolsa en mano a levantarlo. Pero pasaron dos cosas:
1. la bolsa tenía un hoyo, y
2. el pastelito no estaba recién horneado, creo que era de otro perro
El resto de la caminata sucedió sin sobresaltos. Bueno. Al rato dos chicas pasaron a mi lado y alcancé a escuchar que una le decía a la otra: ¿oliste?
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